En un majestuoso
Araguaney vivía un bellísimo Turpial, quién canturreaba alegremente en su
trinar todas las mañanas. Su trinar era el deleite de todos los animalitos que
habitaban en el jardín.
Todo transcurría
tranquilamente hasta que un buen día súbitamente apareció volando con grandes
tropiezos una pequeña Alondra, era una minúscula avecilla de color canela con
matices grisáceos. Todos los animales la
miraron extrañados, nunca habían visto una ave de ese género, estaban acostumbrados
a la visita frecuente de los Cardenales, Turpiales, los Periquitos
parlanchines, y los colibríes que
llegaban bien temprano en la mañana.
-¿Quién eres? ¿De
dónde vienes?- le preguntó una ardillita.
-
Lejos..lejos..- dijo la pobre ave muy asustada.
- Pero, ¿Por qué
estas tan asustada?- le preguntó extrañado el Turpial.
- Acabo de
escaparme de una prisión con fuertes barrotes, pero deben estar buscándome- le
respondió la pequeña ave.
- ¡Pobrecita!
Estaba enjaulada- dijo una vieja iguana
- Sin embargo
eres un ave muy rara, nunca había visto un ave tan chiquita y de ese color-
comentó el Turpial
- No soy de
aquí, vengo de otras tierras, allí todo
es seco y árido, no es como aquí, en
esta tierra todo es verde
- ¿Y cómo es ese
sitio?-Preguntó curioso el Turpial
- Ya te dije es
seco…pero esos seres ya deben venir en camino, dijeron que era muy valiosa-
dijo todavía asustada la Alondra
-No te
preocupes, te esconderemos en nuestro Araguaney
Al poco tiempo
aparecieron dos hombres, uno llevaba una
red de mano en su poder y el otro una pequeña jaula.
-Debe estar por
aquí- Tenemos que atraparla, es muy valiosa, viene de Asia, y Don Pedro le
encantan las aves, especialmente las Alondras.
-Si, además nos
van a dar una buena comisión por atraparla- dijo el otro hombre.
- ¿Dónde estará?
Mira ese
Araguaney, ¡Qué cantidad de aves! Allí debe estar, revisa bien.
La pobre Alondra
estaba escondida en la rama más alta del árbol, estaba tan asustada que no se
percató de la presencia de los hombres
-¡sube!-
-Esta muy alto,
voy a buscar una escalera.
El hombre no
perdió tiempo, pidió una escalera en una venta de frutas, y los dueños
amablemente se la prestaron sin saber que haría con ella.
-Tenemos que
hacer algo- dijo el Turpial
- Y si nos
atrapa a nosotros, ¿no escuchaste?, ese humano colecciona aves, y si se antoja
de uno de nosotros- dijo un cardenalito.
-¿Que haremos?
- Ya sé, vamos a
pedirle ayuda al pájaro Carpintero-dijo el turpial
-Copetico,
Copetico gritaba el turpial a grandes chillidos-
-¿Qué pasa? Esos
hombres quieren hacerle daño a esa pobre avecilla, tú eres el más grande de
todos.
El pájaro
Carpintero giro su cabeza y vio a la pobre avecilla.
-Voy a necesitar
ayuda - dijo el pájaro.
Era tan pequeña,
y tan frágil, así que decidió ayudarla, entonces Copetico empezó a picotear el
árbol y de repente llegaron otros pájaros Carpinteros de un Samán y en menos
que canta un gallo los hombres estaban siendo víctimas de un ataque de pájaros.
¿De dónde
salieron estos animales? ¿Yo no puedo con tantos?
-¡Cuidado! Te
pueden sacar un ojo- dijo el hombre más alto atemorizado.
-Vámonos de
aquí, no quiero quedar ciego-
Los hombres se
fueron corriendo olvidándose de la escalera
-Creo que no te
van a molestar mas – dijo Copetico a la avecilla.
-¡muchas
gracias! No quería volver a esa jaula, a veces ni me dejaban comida.
-¡no te
preocupes! Te puedes quedar con nosotros, te enseñaremos a volar y a buscar los
mejores gusanitos-
- No es por nada,
pero, ¡Que mal vuelas!
-Además en ese
puesto de frutas, el frutero siempre nos ofrece unas ricas naranjas, él si
quiere a los pájaros.
La Alondra voló
tropezando con las ramas hasta llegar al suelo, estaba muy feliz, se había
ganado muchos amigos, ya no estaría solo ni enjaulado, y colorín colorado esta
historia se ha acabado.

Hola Judith, me alegra que estés compartiendo tus hermosos cuentos otra vez, ví que estuviste un tiempo sin postear, te estaba esperando. Un beso,
ResponderEliminarsi, los tenia abandonados. Ya retome mi pluma otra vez.
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