viernes, 10 de febrero de 2012

La Alondra y el Turpial




En un majestuoso Araguaney vivía un bellísimo Turpial, quién canturreaba alegremente en su trinar todas las mañanas. Su trinar era el deleite de todos los animalitos que habitaban en el  jardín. 

Todo transcurría tranquilamente hasta que un buen día súbitamente apareció volando con grandes tropiezos una pequeña Alondra, era una minúscula avecilla de color canela con matices grisáceos.  Todos los animales la miraron extrañados, nunca habían visto una ave de ese género, estaban acostumbrados a la visita frecuente de los Cardenales, Turpiales, los Periquitos parlanchines,  y los colibríes que llegaban bien temprano  en la mañana. 

-¿Quién eres? ¿De dónde vienes?- le preguntó una ardillita.
- Lejos..lejos..- dijo la pobre ave muy asustada.
- Pero, ¿Por qué estas tan asustada?- le preguntó extrañado el Turpial.
- Acabo de escaparme de una prisión con fuertes barrotes, pero deben estar buscándome- le respondió la pequeña ave.
- ¡Pobrecita! Estaba enjaulada- dijo una vieja iguana
- Sin embargo eres un ave muy rara, nunca había visto un ave tan chiquita y de ese color- comentó el Turpial
- No soy de aquí, vengo de otras tierras, allí  todo es seco y árido, no es como aquí,  en esta tierra todo es  verde
- ¿Y cómo es ese sitio?-Preguntó curioso el Turpial
- Ya te dije es seco…pero esos seres ya deben venir en camino, dijeron que era muy valiosa- dijo todavía asustada la Alondra
-No te preocupes, te esconderemos en nuestro Araguaney
Al poco tiempo aparecieron dos hombres, uno  llevaba una red de mano en su poder y el otro una pequeña jaula.
-Debe estar por aquí- Tenemos que atraparla, es muy valiosa, viene de Asia, y Don Pedro le encantan las aves, especialmente las Alondras.
-Si, además nos van a dar una buena comisión por atraparla- dijo el otro hombre.
- ¿Dónde estará?
Mira ese Araguaney, ¡Qué cantidad de aves! Allí debe estar, revisa bien.
La pobre Alondra estaba escondida en la rama más alta del árbol, estaba tan asustada que no se percató de la presencia de los hombres
-¡sube!-
-Esta muy alto, voy a buscar una escalera.
El hombre no perdió tiempo, pidió una escalera en una venta de frutas, y los dueños amablemente se la prestaron sin saber que haría con ella.
-Tenemos que hacer algo- dijo el Turpial
- Y si nos atrapa a nosotros, ¿no escuchaste?, ese humano colecciona aves, y si se antoja de uno de nosotros- dijo un cardenalito.
-¿Que haremos?
- Ya sé, vamos a pedirle ayuda al pájaro Carpintero-dijo el turpial
-Copetico, Copetico gritaba el turpial a grandes chillidos-
-¿Qué pasa? Esos hombres quieren hacerle daño a esa pobre avecilla, tú eres el más grande de todos.
El pájaro Carpintero giro su cabeza y vio a la pobre avecilla.
-Voy a necesitar ayuda - dijo el pájaro.
Era tan pequeña, y tan frágil, así que decidió ayudarla, entonces Copetico empezó a picotear el árbol y de repente llegaron otros pájaros Carpinteros de un Samán y en menos que canta un gallo los hombres estaban siendo víctimas de un ataque de pájaros.
¿De dónde salieron estos animales? ¿Yo no puedo con tantos?
-¡Cuidado! Te pueden sacar un ojo- dijo el hombre más alto atemorizado.
-Vámonos de aquí, no quiero quedar ciego-
Los hombres se fueron corriendo olvidándose de la escalera
-Creo que no te van a molestar mas – dijo Copetico a la avecilla.
-¡muchas gracias! No quería volver a esa jaula, a veces ni me dejaban comida.
-¡no te preocupes! Te puedes quedar con nosotros, te enseñaremos a volar y a buscar los mejores gusanitos-
- No es por nada, pero, ¡Que mal vuelas!
-Además en ese puesto de frutas, el frutero siempre nos ofrece unas ricas naranjas, él si quiere a los pájaros.
La Alondra voló tropezando con las ramas hasta llegar al suelo, estaba muy feliz, se había ganado muchos amigos, ya no estaría solo ni enjaulado, y colorín colorado esta historia se ha acabado.

2 comentarios:

  1. Hola Judith, me alegra que estés compartiendo tus hermosos cuentos otra vez, ví que estuviste un tiempo sin postear, te estaba esperando. Un beso,

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  2. si, los tenia abandonados. Ya retome mi pluma otra vez.

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