En un majestuoso Samán vivían dos azulejos con sus pequeños pichones.
Como gran parte de los pajarillos estos nacieron con apenas una pelusilla de
color grisáceo. A media que crecía se tornaban de un color azul
resplandeciente. Cerca de ellos vivía un cardenal, a quien Lupita, una azuleja
muy coqueta, llamaba cariñosamente escarlata
- Hola Escarlata. ¿Cómo estás?- le pregunto cariñosamente
Lupita
- Requetebién. Me acabo de dar un buen baño con
las hojas de Samán, aprovechando el rocío de la mañana. Veo que tu amiga Clara
tuvo dos pichoncitos.
- Si, se encuentra muy contenta. Cuido los huevos
con mucho amor, mañana, madrugada y noche, la pobre apenas durmió hasta que los
pichones nacieron, pero esta muy feliz al verlos salir de los huevitos.
- Allí viene Pepe, con alimento para los pichones-
- Y como chillan, se nota que los pobres tienen
mucha hambre.
- Pronto crecerán
y volaran de sus nidos-
Sin embargo del otro lado del árbol, en las ramas más
altas vivían un Turpial muy malhumorado, y un pelin desagradable. Escucho el
ruido de los pichones, y se levanto volando acercándose a ellos. Los miro de
reojo despectivamente
- ¿Y esos pichones?- pregunto con desagrado
- Mira quien llego- dijo Escarlata con desagrado
- ¿Que te pasa? Yo solo vine a saludarlos- respondió
el Turpial
- Como la otra vez, que te acercaste al nido de
los cara sucia, y casi le haces daño a sus pichones
- No me lo recuerdes, ese estupida carasucia medio
un tremendo picotazo- respondió con desagrado el Turpial
- El hecho es que has agarrado muy mala fama en el
Saman. Si sigues así, te vas a tener que
ir de aquí, e irte al Araguaney, y me han contado que cerca ese árbol viven una
desagradable Iguana y un rabi pelado muy antipático.
-¿Me estas amenazando?- le pregunto el Turpial
-No, solo te lo estoy participando.
El hecho era que Solecito, eran como decían las demás
aves, el propio buscapleitos. Siempre buscaba una manera de molestar a las demás
aves, y por lo mismo Solecito y Escarlata tenia un pique constante desde algún
tiempo. El cardenal no caía en sus provocaciones, pero también defendía a sus
amigos a capa y espada.
Un día se hartaron tanto de las bromas pesadas de
Solecito que el mismo Escarlata lo expulsó del Samán proporcionándoles varios
picotazos en sus alas.
- Mis alas. Mis alas. Ahora tardara tiempo en
salir nuevas plumas-
-Eso te enseñará a respetar a las demás aves-
El hecho fue que Solecito se tuvo que ir al
Araguaney, y el pobre lo paso muy mal, ya que estaba aterrorizado
constantemente por una grandisima iguana de color esmeralda
-Como lamento haber molestado a las aves del
Saman- pensaba arrepentido.
Ya los pequeños azulejos habían crecido, y les habían
salido unas hermosas plumas de color azul eléctricas. El mayor era el más
temerario, y decidió volar hasta el
Araguaney sin tomar en cuenta los consejos de su madre. En su excursión se encontró
en las ramas más altas del Araguaney al Turpial, que estaba todo recogidito en
su nido.
¡ Hola! Lo saludo el pequeño Azulejo.
- ¿De donde vienes?- le pregunto Solecito.
- Allí vivo con mi familia-
- Dichoso que no estas solito- le respondió el
Turpial
- Ven a jugar conmigo en el Samán- dijo el pequeño
azulejo saltando de rama en rama.
- Oye, ten cuidado, allí hay una horrible Iguana-
- No me importa. No me voy hasta que no me
acompañes-
Sin embargo, la Iguana estaba muy cerca, y el
pequeño azulejo no se percató de su presencia.
- Que bicho tan feo- dijo el pequeño azulejo.
La iguana que era muy temperamental, y se encaro
hacia el pobre azulejo
El Turpial percatándose del peligro que corría el
azulejo empezó a cantar tan fuerte, tan fuerte que asustó a la iguana.
- Vámonos de aquí- le dijo el Turpial
El Turpial guío al pequeño azulejo al Saman en
donde se encontraba su madre, muerta de la angustia porque este no había
llegado.
- ¿Que le has hecho a mi hijo? Le dijo el padre de
la pequeña avecilla.
- ¡Papi! Me salvo de una horrible iguana. Quédate
con nosotros.
- No merezco estar aquí. Yo era muy horrible con
todos Uds.
El Cardenalito que no era muy rencoroso había
observado todo con cautela.
-Realmente la idea no era que pasaras malos ratos
en el Araguaney. Puedes venir otra vez al Saman.- le dijo Escarlata
Solecito estaba tan encantado de estar de nuevo en
su casa, que no solo se volvió más agradable sino que se encargaba de cuidar a
todos los pichones que iban naciendo, porque si era algo que tenia de bueno
Solecito, es que era un Turpial muy agradecido. Y Colorín Colorado, este cuento
se ha acabado.


Hola, muchas gracias por tu visita. Perdona que no pueda quedarme ahora.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Andri
No te preocupes, siempre seras bienvenida a mi casita.
ResponderEliminarHola Jud. Tienes un regalito en este enlace:
ResponderEliminarhttp://eyotampocosoyinvisibleytambienteamo.blogspot.com/2011/09/gracias-artes-e-escritas.html
Por favor, ven a recogerlo.
Tu amiga:
Nicole.
Abrazos.
Qué bonito, Judith. Me ha encantado!!
ResponderEliminarUn abrazo amiga.
Eso me alegra mucho que todos disfruten de mis cortas historias, un beso bien grande a todas.
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