martes, 30 de agosto de 2011

El Turpial y el Cardenal

       

En un majestuoso Samán  vivían dos azulejos con sus pequeños pichones. Como gran parte de los pajarillos estos nacieron con apenas una pelusilla de color grisáceo. A media que crecía se tornaban de un color azul resplandeciente. Cerca de ellos vivía un cardenal, a quien Lupita, una azuleja muy coqueta, llamaba cariñosamente escarlata
- Hola Escarlata. ¿Cómo estás?- le pregunto cariñosamente Lupita
- Requetebién. Me acabo de dar un buen baño con las hojas de Samán, aprovechando el rocío de la mañana. Veo que tu amiga Clara tuvo dos pichoncitos.
- Si, se encuentra muy contenta. Cuido los huevos con mucho amor, mañana, madrugada y noche, la pobre apenas durmió hasta que los pichones nacieron, pero esta muy feliz al verlos salir de los huevitos.
- Allí viene Pepe, con alimento para los pichones-
- Y como chillan, se nota que los pobres tienen mucha hambre.
- Pronto crecerán  y volaran de sus nidos-

Sin embargo del otro lado del árbol, en las ramas más altas vivían un Turpial muy malhumorado, y un pelin desagradable. Escucho el ruido de los pichones, y se levanto volando acercándose a ellos. Los miro de reojo despectivamente
- ¿Y esos pichones?- pregunto con desagrado
- Mira quien llego-  dijo Escarlata con desagrado
- ¿Que te pasa? Yo solo vine a saludarlos- respondió el Turpial
- Como la otra vez, que te acercaste al nido de los cara sucia, y casi le haces daño a sus pichones
- No me lo recuerdes, ese estupida carasucia medio un tremendo picotazo- respondió con desagrado el Turpial
- El hecho es que has agarrado muy mala fama en el Saman.  Si sigues así, te vas a tener que ir de aquí, e irte al Araguaney, y me han contado que cerca ese árbol viven una desagradable Iguana y un rabi pelado muy antipático.
-¿Me estas amenazando?- le pregunto el Turpial
-No, solo te lo estoy participando.

El hecho era que Solecito, eran como decían las demás aves, el propio buscapleitos. Siempre buscaba una manera de molestar a las demás aves, y por lo mismo Solecito y Escarlata tenia un pique constante desde algún tiempo. El cardenal no caía en sus provocaciones, pero también defendía a sus amigos a capa y espada.

Un día se hartaron tanto de las bromas pesadas de Solecito que el mismo Escarlata lo expulsó del Samán proporcionándoles varios picotazos en sus alas.
- Mis alas. Mis alas. Ahora tardara tiempo en salir nuevas plumas-
-Eso te enseñará a respetar a las demás aves-

El hecho fue que Solecito se tuvo que ir al Araguaney, y el pobre lo paso muy mal, ya que estaba aterrorizado constantemente por una grandisima iguana de color esmeralda
-Como lamento haber molestado a las aves del Saman- pensaba arrepentido.

Ya los pequeños azulejos habían crecido, y les habían salido unas hermosas plumas de color  azul eléctricas. El mayor era el más temerario,  y decidió volar hasta el Araguaney sin tomar en cuenta los consejos de su madre. En su excursión se encontró en las ramas más altas del Araguaney al Turpial, que estaba todo recogidito en su nido.
¡ Hola! Lo saludo el pequeño Azulejo.
- ¿De donde vienes?- le pregunto Solecito.
- Allí vivo con mi familia-
- Dichoso que no estas solito- le respondió el Turpial
- Ven a jugar conmigo en el Samán- dijo el pequeño azulejo saltando de rama en rama.
- Oye, ten cuidado, allí hay una horrible Iguana-
- No me importa. No me voy hasta que no me acompañes-

Sin embargo, la Iguana estaba muy cerca, y el pequeño azulejo no se percató de su presencia.
- Que bicho tan feo- dijo el pequeño azulejo.
La iguana que era muy temperamental, y se encaro hacia el pobre azulejo
El Turpial percatándose del peligro que corría el azulejo empezó a cantar tan fuerte, tan fuerte que asustó a la iguana.
- Vámonos de aquí- le dijo el Turpial
El Turpial guío al pequeño azulejo al Saman en donde se encontraba su madre, muerta de la angustia porque este no había llegado.
- ¿Que le has hecho a mi hijo? Le dijo el padre de la pequeña avecilla.
- ¡Papi! Me salvo de una horrible iguana. Quédate con nosotros.
- No merezco estar aquí. Yo era muy horrible con todos Uds.
El Cardenalito que no era muy rencoroso había observado todo con cautela.
-Realmente la idea no era que pasaras malos ratos en el Araguaney. Puedes venir otra vez al Saman.- le dijo Escarlata

Solecito estaba tan encantado de estar de nuevo en su casa, que no solo se volvió más agradable sino que se encargaba de cuidar a todos los pichones que iban naciendo, porque si era algo que tenia de bueno Solecito, es que era un Turpial muy agradecido. Y Colorín Colorado, este cuento se ha acabado.

5 comentarios:

  1. Hola, muchas gracias por tu visita. Perdona que no pueda quedarme ahora.

    Un fuerte abrazo.

    Andri

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  2. No te preocupes, siempre seras bienvenida a mi casita.

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  3. Hola Jud. Tienes un regalito en este enlace:
    http://eyotampocosoyinvisibleytambienteamo.blogspot.com/2011/09/gracias-artes-e-escritas.html
    Por favor, ven a recogerlo.
    Tu amiga:
    Nicole.
    Abrazos.

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  4. Qué bonito, Judith. Me ha encantado!!
    Un abrazo amiga.

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  5. Eso me alegra mucho que todos disfruten de mis cortas historias, un beso bien grande a todas.

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