sábado, 11 de agosto de 2012

Luis y los Carasucias



Luis venia de unas lindas vacaciones con su familia de Guigűe, y entonces se percató de la presencia de dos carasucias debajo de una mata de Mango.
- “Pobres pajaritos, están tirados al suelo. Seguro que se encuentran heridos”- dijo lastimosamente Luis.
- Si hijo, creo que tienen sus alas lastimadas- le dijo su mamá.
- Papi, orillate, vamos a cuidarlos, me dan una lastima-
- y, ¿Cómo lo vas a cuidar? No tenemos espacio en el apartamento para un animal, y sabes que el dueño no le gustan los animales.
-Dentro de poco vamos a llegar a la alcabala- le dijo su padre.
- Yo los cuidaré, te prometo que cuando sanen lo soltaré- dijo Luis
Fue tanta la insistencia del niño que su padre se paro a orillas de la carretera, y recogieron los animales, Luis se los puso con cuidado dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta.
-¡Ten cuidado hijo, se encuentran  muy débiles!-

Eran dos Carasucias verdes como las hojas de una mata de mango, y su pico era de color anaranjado como las naranjas, Luis les dio un poquito de pan, pero lo botaron en el acto al suelo del carro.
-parece que no tienen hambre- dijo apesadumbrado el muchacho.
-Ellos se alimentan de fruta, cuando lleguemos al apartamento te explicaré como cuidarlos, pero recuerda que después hay que soltarlos-
-Gracias mamá

Llegaron al anochecer a Valencia, el ruido tenia atontados a los pobres pájaros, píaban sin cesar.
-¿Qué les pasa?- preguntó preocupado el muchacho
-Son animales de campo, no les gusta mucho el ruido.
-Menos mal que nuestro vecindario no es mucho ruidoso

Al llegar al apartamento, Luis los puso gentilmente en una cajita de cartón, les abrió unos huecos para que pudieran respirar, y unas ramitas pequeñas para que no se sintieran mal en su nueva casa.

Al día siguiente, se percato que las aves seguían piando.
“Deben de tener hambre”
-Mami, ¿Qué les puedo dar de comer?
-Toma este poquito de mango, pícalo en trozos pequeños, y ubícaselos en la caja en este plato.
Luis siguió las instrucciones, y vio como las aves comían con avidez los trocitos de Mango.
Transcurrió el tiempo, y las Cara sucias se iban recobrando poco a poco, le habían crecido un poco las alas, y ya habían hecho el intento de volar.
Un día se habían salido de la caja volando  hacia la cocina, Luis al volver de la escuela no los encontró.
-¿Dónde se encuentran los Cara sucias?
-Creo que en la cocina hijo, ya es hora que los sueltes, los Cara sucias no son de ciudad.- le dijo suavemente su madre.

Luis sabia que eso llegaría, se había encariñado mucho con las aves.
- Puedo comprar una jaula de madera,  y los saco de vez en cuando para que vuelen por la casa- dijo rogando
-Eso es exactamente lo que no debes hacer, se morirán de tristeza- le dijo su madre.
-Entonces, ¿Qué haremos?

-El fin de semana vamos para Guigue a visitar a tu abuelo,  podemos dejarlos en una rama de un árbol, se sentirán felices al volar libres como el viento-
-Tienes razón madre-

Llegó el fin de semana, y Luis  se llevó a las avecillas en una pequeña cajita, se movían de vez en cuando piando pidiendo su libertad.
Antes de llegar a casa de sus abuelos, cerca de la vía había una inmenso Samán, se sentía la algarabía de pájaros en el frondoso Árbol.
Se pararon a orillas de la carretera, y Luis gentilmente los puso en una rama, ambos Cara sucias estaban muy felices porque habían recobrado su libertad, desplegaron sus alas y volaron por todo el árbol posandose de rama de rama.
-Te das cuenta hijo, las aves necesitan estar en libertad, es una lástima que no todos se den cuenta ello, mira como vuelan-
-Tienes razón madre, me alegro que se le hayan curado las alas-
-Cuando sea grande quiero ser Veterinario, curaré todos los animales maltratados, y enseñaré a las personas a no encerrar a las aves en jaulas-
- Ojala sea así hijo, necesitamos mas personas que cuiden a los animales y valoren sus espacios, ahora vamos a casa de tus abuelos
Con esta experiencia, Luis aprendió que las aves deben vivir en libertad ya que allí eran felices como lo hacían esas bellas Cara sucias, y colorín colorado esta  historia a terminado.


3 comentarios:

  1. Qué lindo cuento. Amo las aves y siempre he pensado que deben estar en libertad. Me duele mucho ver pájaros enjaulados.
    Gracias por este cuento y por compartir tales pensamientos y sentimientos, Judith.
    Abrazos, amiga.

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  2. Gracias amiga, un placer publicar mis humildes cuentos en este lindo espacio, y sobre todo me contenta y alegra sin medida que los demas lo disfruten. Besos.

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  3. Hermoso cuento, sabes mi papá era fanático de los pájaros, teníamos muchísimos en casa. Un beso,

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