Luis venia de unas lindas vacaciones con su
familia de Guigűe, y entonces se percató de la presencia de dos carasucias
debajo de una mata de Mango.
- “Pobres pajaritos, están tirados al suelo.
Seguro que se encuentran heridos”- dijo lastimosamente Luis.
- Si hijo, creo que tienen sus alas lastimadas- le
dijo su mamá.
- Papi, orillate, vamos a cuidarlos, me dan una
lastima-
- y, ¿Cómo lo vas a cuidar? No tenemos espacio en
el apartamento para un animal, y sabes que el dueño no le gustan los animales.
-Dentro de poco vamos a llegar a la alcabala- le
dijo su padre.
- Yo los cuidaré, te prometo que cuando sanen lo
soltaré- dijo Luis
Fue tanta la insistencia del niño que su padre se
paro a orillas de la carretera, y recogieron los animales, Luis se los puso con
cuidado dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta.
-¡Ten cuidado hijo, se encuentran muy débiles!-
Eran dos Carasucias verdes como las hojas de una
mata de mango, y su pico era de color anaranjado como las naranjas, Luis les
dio un poquito de pan, pero lo botaron en el acto al suelo del carro.
-parece que no tienen hambre- dijo apesadumbrado
el muchacho.
-Ellos se alimentan de fruta, cuando lleguemos al
apartamento te explicaré como cuidarlos, pero recuerda que después hay que
soltarlos-
-Gracias mamá
Llegaron al anochecer a Valencia, el ruido tenia
atontados a los pobres pájaros, píaban sin cesar.
-¿Qué les pasa?- preguntó preocupado el muchacho
-Son animales de campo, no les gusta mucho el
ruido.
-Menos mal que nuestro vecindario no es mucho ruidoso
Al llegar al apartamento, Luis los puso
gentilmente en una cajita de cartón, les abrió unos huecos para que pudieran
respirar, y unas ramitas pequeñas para que no se sintieran mal en su nueva
casa.
Al día siguiente, se percato que las aves seguían
piando.
“Deben de tener hambre”
-Mami, ¿Qué les puedo dar de comer?
-Toma este poquito de mango, pícalo en trozos pequeños,
y ubícaselos en la caja en este plato.
Luis siguió las instrucciones, y vio como las aves
comían con avidez los trocitos de Mango.
Transcurrió el tiempo, y las Cara sucias se iban
recobrando poco a poco, le habían crecido un poco las alas, y ya habían hecho
el intento de volar.
Un día se habían salido de la caja volando hacia la cocina, Luis al volver de la escuela
no los encontró.
-¿Dónde se encuentran los Cara sucias?
-Creo que en la cocina hijo, ya es hora que los
sueltes, los Cara sucias no son de ciudad.- le dijo suavemente su madre.
Luis sabia que eso llegaría, se había encariñado
mucho con las aves.
- Puedo comprar una jaula de madera, y los saco de vez en cuando para que vuelen
por la casa- dijo rogando
-Eso es exactamente lo que no debes hacer, se morirán
de tristeza- le dijo su madre.
-Entonces, ¿Qué haremos?
-El fin de semana vamos para Guigue a visitar a tu
abuelo, podemos dejarlos en una rama de
un árbol, se sentirán felices al volar libres como el viento-
-Tienes razón madre-
Llegó el fin de semana, y Luis se llevó a las avecillas en una pequeña
cajita, se movían de vez en cuando piando pidiendo su libertad.
Antes de llegar a casa de sus abuelos, cerca de la
vía había una inmenso Samán, se sentía la algarabía de pájaros en el frondoso Árbol.
Se pararon a orillas de la carretera, y Luis
gentilmente los puso en una rama, ambos Cara sucias estaban muy felices porque habían
recobrado su libertad, desplegaron sus alas y volaron por todo el árbol
posandose de rama de rama.
-Te das cuenta hijo, las aves necesitan estar en
libertad, es una lástima que no todos se den cuenta ello, mira como vuelan-
-Tienes razón madre, me alegro que se le hayan
curado las alas-
-Cuando sea grande quiero ser Veterinario, curaré
todos los animales maltratados, y enseñaré a las personas a no encerrar a las
aves en jaulas-
- Ojala sea así hijo, necesitamos mas personas que
cuiden a los animales y valoren sus espacios, ahora vamos a casa de tus abuelos
Con esta experiencia, Luis aprendió que las aves
deben vivir en libertad ya que allí eran felices como lo hacían esas bellas Cara
sucias, y colorín colorado esta historia
a terminado.
Qué lindo cuento. Amo las aves y siempre he pensado que deben estar en libertad. Me duele mucho ver pájaros enjaulados.
ResponderEliminarGracias por este cuento y por compartir tales pensamientos y sentimientos, Judith.
Abrazos, amiga.
Gracias amiga, un placer publicar mis humildes cuentos en este lindo espacio, y sobre todo me contenta y alegra sin medida que los demas lo disfruten. Besos.
ResponderEliminarHermoso cuento, sabes mi papá era fanático de los pájaros, teníamos muchísimos en casa. Un beso,
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