En las tierras lejanas del estado falcón habitan los bellísimos Corocoro
vestidos con sus grandes galas de color rojo escarlata. Estas aves habitan en
grandes ciénagas de nuestro querido país. Conviven en grandes grupos cuidándose
unos a los otros ante los grandes peligros de la Ciénaga, pero existía un Corocoro en particular. Tenía
alas rosadas de color pastel con franjas doradas. Era el más solitario de la
ciénaga.
-No te alejes tanto de nosotros, las babas al atardecer te pueden comer- le
decían las otras aves, pero él ignoraba totalmente sus consejos.
Estos singulares animales se alimentaban de los crustáceos de la ciénaga. Y en la época de lluvia nunca les faltaba comida. Y nuestro amigo, el Corocoro dorado nunca le faltaba comida a pesar de que se mantenía cerca de los manglares. Sus compañeros nunca lo abandonaban. Sentían pesar y preocupación por él, porque en momentos de peligro tendrían que emigrar en grandes bandadas hacia otros territorios.
En una época hubo una gran sequía, y las aguas habían bajado notoriamente de su cauce. Ya no había cangrejos y pequeños insectos de que alimentarse. Las Babas, y grandes caimanes empezaron a tener mucha hambre, y cuando llegaba la noche se disponían a cazar para saciar su necesidad de alimento. -Ese Corocoro de alas doradas seria un buen alimento. Siempre esta solo durante la noche bajo la sombra de los manglares- dijo hambrienta la más grande de las Babas.
-Tenemos que irnos antes del atardecer. Cerca de la costa de Chichiriviche hay una bellisisima Ciénaga. No nos faltará alimento. Uno de Uds. tiene que convencer a nuestro amigo para emigrar con nosotros. Su terquedad será su propia destrucción-dijo el Corocoro más viejo de la ciénaga.
Estos singulares animales se alimentaban de los crustáceos de la ciénaga. Y en la época de lluvia nunca les faltaba comida. Y nuestro amigo, el Corocoro dorado nunca le faltaba comida a pesar de que se mantenía cerca de los manglares. Sus compañeros nunca lo abandonaban. Sentían pesar y preocupación por él, porque en momentos de peligro tendrían que emigrar en grandes bandadas hacia otros territorios.
En una época hubo una gran sequía, y las aguas habían bajado notoriamente de su cauce. Ya no había cangrejos y pequeños insectos de que alimentarse. Las Babas, y grandes caimanes empezaron a tener mucha hambre, y cuando llegaba la noche se disponían a cazar para saciar su necesidad de alimento. -Ese Corocoro de alas doradas seria un buen alimento. Siempre esta solo durante la noche bajo la sombra de los manglares- dijo hambrienta la más grande de las Babas.
-Tenemos que irnos antes del atardecer. Cerca de la costa de Chichiriviche hay una bellisisima Ciénaga. No nos faltará alimento. Uno de Uds. tiene que convencer a nuestro amigo para emigrar con nosotros. Su terquedad será su propia destrucción-dijo el Corocoro más viejo de la ciénaga.
-No te preocupes, yo me quedare hasta
que vuele el último de Uds.- dijo el más joven de ellos.
La garza le dijo al Corocoro dorado que iban a emigrar ese día, y que lo acompañaría.
La garza le dijo al Corocoro dorado que iban a emigrar ese día, y que lo acompañaría.
- Yo, quiero quedarme en estos manglares. Ya estoy un poco viejo para
volar- le respondió.
Casi al final de la tarde, la
bandada de Corocoro empezó a extender su vuelo.
-Vente con nosotros, si te quedas vas a buscar la muerte- le dijo la joven
ave.
Ya las Babas empezaron a impacientarse, y estaban dispuestos a tener un buen banquete con las dos aves. Cuando el Corocoro dorado vio que el ultima ave emprendió el vuelo se dijo a si mismo. “No puedo dejar que la imprudencia acabe con mi vida”. Así que, emprendió con grandes esfuerzos escoltado por su amigo.
Atravesaron grandes montañas hasta llegar cerca de la costa de Chichiriviche,
y allí lo vieron. Una bella ciénaga rodeada de grandes manglares. Descendieron
lentamente, contentos de que este sería su nuevo hogar. Se chapucearon y
mojaron sus cabezas porque habían tenido un largo viaje. En la distancia venía
el Corocoro dorado con la solidaria ave que se empeño en esperarlo. Al llegar a
la Ciénaga con un cansancio sin límites se comió dos grandes cangrejos que
compartió con su joven amigo. Fue en ese momento que se dio cuenta que es
importante compartir en grupo porque de esta manera funcionan las mejores
sociedades. Y, así fue que dejo de ser una Corocoro solitario compartiendo
siempre los alimentos con las demás aves, y Colorín Colorado esta linda
historia venezolana.
¡Qué blog tan dulce, Judith!
ResponderEliminarUnos cuentos maravillosos tenés por acá...
¿Dónde estaba yo que no lo había descubierto?
Te abrazo con toda mi ternura.
Siempre seras bienvenida a mi humilde casita. Un besote desde Venezuela.
ResponderEliminarHola: decirte que leemos algunos de tus cuentos en clase y nos gustan mucho.Un saludo desde España.
ResponderEliminarAna-maestra
http://ana-reutilizaresprogresar.blogspot.com/
Que alegria me da. Disfrutenlo y me alegra mucho que otros ninos disfruten de ello. Judith
ResponderEliminarJudith: enhorabuena, que ya me entero de que leen tus cuentos en clases....
ResponderEliminar¡Qué calladito te lo tenías! XD
Este es un blog maravilloso. Me encanta venir aquí. Es mi oasis personal.
si amiga, para mi fue tambien una sorpresa, sobretodo porque es un contexto que no es de su pais. Me encanta, y es un placer para mi que todos lean mis cuentos.
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